EMILIANO COTELO:
Estamos a 23 días de
la realización de la
tercera y última
elección del ciclo
electoral nacional
2009. Estamos a 23
días del balotaje,
el momento en que se
definirá la
Presidencia de la
República entre José
Mujica y Luis
Alberto Lacalle.
El politólogo Oscar
A. Bottinelli,
director de Factum,
analiza y profundiza
en los números de la
primera Encuesta
Nacional Factum
posterior a los
comicios del 25 de
octubre. O sea, trae
la primera
fotografía de las
preferencias de los
uruguayos rumbo al
balotaje.
***
EC – ¿Cuándo fue
realizada esta
Encuesta Nacional
Factum?
OSCAR A. BOTTINELLI:
La encuesta da un
panorama de
intención electoral
al pasado domingo 1º
de noviembre y los
datos corresponden a
la siguiente
pregunta: “El
domingo 29 de
noviembre se define
la elección de
presidente y
vicepresidente de la
República entre
estas dos fórmulas
–y se menciona
aleatoriamente
primero una y
después otra–
Mujica-Astori y
Lacalle-Larrañaga o
Lacalle-Larrañaga y
Mujica-Astori–. ¿A
cuál de ellas se
inclina a votar?”.
EC – ¿Qué margen de
error hay?
OAB – El margen de
error sobre los
datos presentados
debe asumirse que
oscila en torno a
+/- 3%. Hay que
recordar que no se
vota por partidos
sino por fórmulas
presidenciales sin
lema. Las hojas de
votación no llevan
lemas, ni colores
distintivos, ni
números, ni letras,
sólo la expresión
“Voto por fulano de
tal para presidente
de la República y
mengano para
vicepresidente de la
República por el
período 2010-2015”.
EC – Veamos los
números de esa
Encuesta Nacional
Factum, la
fotografía al 1º de
noviembre. Por la
fórmula Mujica-Astori
se inclina el 49%;
por la fórmula
Lacalle-Larrañaga el
42%; los indefinidos
son 9%.
OAB – Aquí realmente
no tenemos modelos
anteriores como
cuando hablamos de
elecciones
nacionales y decimos
que los uruguayos
habitualmente tienen
tal nivel de
volatilidad –es
decir de cambio de
partido– o que el
nivel de voto en
blanco es tal,
etcétera. Acá es muy
difícil decir cuál
es la conducta
habitual de los
uruguayos en algo
que pasó una sola
vez, que fue el
balotaje de 1999.
Además recordemos
que ese balotaje fue
la primera
experiencia que
podemos denominar de
ruptura, de frontera
entre lo blanco y lo
colorado, fue la
primera vez que hubo
una elección con una
fórmula de colorados
y una fórmula de
frenteamplistas, no
había blancos en el
escenario. Eso
implicaba un cambio
muy grande, de gente
blanca que tenía que
elegir entre la
izquierda, que en
líneas generales era
lo que sentía más
lejano y más temía,
y lo colorado, que
había sido su
adversario
histórico, más que
centenario, en una
separación que uno
diría clánica, y
mucho más en el
interior profundo,
en los pueblos
chicos de ese
triángulo volcado
hacia Brasil que
tiene como vértice
Durazno-Flores-, en
que el eje político
era blanqui-colorado;
en esa época el
Frente Amplio tenía
una presencia muy
escasa en esa zona
del país, por lo
tanto para un blanco
el colorado era el
adversario.
Después eso cambia.
Tuvimos dos ciclos
de elecciones
departamentales -uno
en mayo de 2000,
otro en mayo de
2005- donde en
muchos departamentos
fue habitual ver a
colorados votando a
candidatos blancos o
blancos votando a
candidatos a
intendente
colorados.
Recordemos a tal
efecto la elección
de Montevideo de
2004, el ciclo
2004-2005; en
octubre de 2004 el
Partido Nacional (PN)
obtiene alrededor
del 26% del voto en
Montevideo y el
Partido Colorado
(PC) el 10. En mayo
de 2005 el PC con
Bordaberry candidato
a intendente obtiene
el 28 y el PN el 10;
es decir, cada uno
tuvo un piso del 10
y hubo un 16 que se
trasladó de
Larrañaga o del PN a
Bordaberry o al PC
entre octubre y
mayo; después
Bordaberry tuvo un
plus de 2 que le
vino del FA.
EC – ¿Por qué estás
mencionando estos
antecedentes, estas
primeras
experiencias de la
aplicación de la
reforma
constitucional del
año 1996?
OAB – Porque para
analizar cómo es el
comportamiento, en
este caso del tercer
partido -que en
aquel momento fue el
PN y en este es el
PC- importa mucho ir
viendo qué barreras,
qué dificultades hay
para definir el
apoyo a una u otra
fórmula y cómo lo
recibe el
electorado. Una cosa
fue en el 99, otra
después que pasaron
todos estos
antecedentes, donde
el voto entre blanco
y colorado tiende a
percibirse más como
un deslizamiento
dentro de un mismo
bloque político
mientras que en el
99 era claramente
cambiar de bando,
atravesar una
frontera.
Los números que se
han presentado son
redondeos y por lo
tanto no permiten
sacar conclusiones
sobre decimales.
Veamos qué pasa en
la comparación de
estos números con la
votación de octubre
pasado.
EC – Vas a comparar
con el resultado de
la elección nacional
del 25 de octubre.
OAB – Exacto, con
los datos de la
votación, comparo la
encuesta con urnas.
Por un lado vamos a
hacer un solo bloque
entre FA y Asamblea
Popular, porque más
allá del
pronunciamiento de
Asamblea Popular
reiterado en estos
días de convocar a
su gente a no darle
el voto a Mujica la
encuesta da que
quienes votaron a
Asamblea Popular se
inclinan masivamente
por votar a Mujica.
EC – Ustedes
verifican eso.
OAB – Sí, estamos
verificando eso y
por lo tanto FA más
Asamblea Popular
redondean en 49%.
EC – Casualmente,
los números de la
elección nacional
del FA más los de
Asamblea Popular dan
49%, que es lo que
ahora aparece en la
intención de voto.
OAB – Exacto, lo que
hay que tener claro
es que siempre hay
circulación de voto,
hay algunos blancos
que están votando a
Mujica-Astori,
algunos
frenteamplistas que
están votando a
Lacalle-Larrañaga,
eso ocurre siempre.
Digamos no blancos y
frenteamplistas,
gente que votó al PN
que está votando a
Mujica-Astori, gente
que votó al FA que
está votando a
Lacalle-Larrañaga,
hay algún colorado
que está votando a
Mujica-Astori y
gente del Partido
Independiente (PI) y
otros del FA que
están en los
indefinidos.
Cuidado: que los
números sean iguales
no quiere decir que
son exactamente las
mismas personas.
Pero lo importante
es que los
parámetros son los
mismos; Mujica-Astori
están en el
parámetro de la
votación del FA más
Asamblea Popular.
Lacalle tiene 42%,
que es 13 puntos por
encima de los 29 que
obtuvo el PN, por lo
tanto la apelación
hacia el otro
partido –llamémosle
relativamente
asociado– o la
recomendación del PC
de votar a
Lacalle-Larrañaga ha
tenido un altísimo
nivel de
cumplimiento. No
todo este 13 son
colorados, hay
aportes de votantes
del PI, pero también
hay que decir que
los 42 de Lacalle
son 4 puntos menos
que los 46 de la
suma PN-PC. Acá
tenemos un tema
interesante.
EC – Para terminar
el análisis de estos
tres números que
dimos detengámonos
en los indefinidos.
Decíamos que había
9% de indefinidos,
¿cómo se componen?
OAB – Si nos
olvidamos de la
circulación del
voto, es decir la
compensación de
votantes del Frente
que van a Lacalle y
viceversa, el grueso
de los indefinidos
son votantes del PC
y en blanco-anulado
más algo menor del
PI.
EC – ¿Cómo haces esa
constatación?
OAB – Porque a la
gente se le pregunta
qué votó en octubre
y qué vota ahora. El
cuestionario tiene
60 preguntas donde
hay distintos
abordajes, a quién
prefiere entre
Mujica y Lacalle,
entre Astori y
Larrañaga, qué
imagen tiene de
Mujica, qué imagen
tiene de Larrañaga,
de Lacalle, de
Astori, de Vázquez,
son muchas preguntas
donde se va trazando
una especie de
radiografía del
votante, pero a su
vez hay una pregunta
muy explícita sobre
qué votó el 25 de
octubre en cuanto a
partidos, en cuanto
al Sí rosado y en
cuanto al Sí blanco.
EC – ¿Pero en esta
encuesta de ahora no
hay gente que diga
que va a votar en
blanco o anulado?
OAB – Sí, lo que
pasa que estamos
englobando en
indefinido a todo lo
que es propiamente
indeciso o voto que
puede ir en blanco o
anulado. Recordemos
que normalmente
nosotros cuando
difundimos las
encuestas de
intención de voto,
en las más
distantes, hacemos
una única bolsa de
‘indefinidos’ y en
determinado momento,
cuando nos acercamos
a las elecciones,
empezamos a precisar
la distinción entre
blanco-anulado e
indefinidos
propiamente dicho.
Aunque estamos a
cuatro semanas, en
la medida que es un
tramo electoral de
solo cinco estamos
muy lejos todavía.
Es la primera
impresión de la
gente y todavía
queremos ver si ese
blanco o anulado que
dice alguna gente
decanta
efectivamente en
blanco o anulado o
es una forma de
indecisión.
Es lo mismo que
presentamos a lo
largo de 2008 en
cuanto a intenciones
de voto hacia 2009.
No es que no haya
sino que todavía
estamos manejando
una fórmula por un
lado, una fórmula
por otro y el bolsón
del resto que puede
decantar en
indecisos que se
vuelquen, o gente
que termine no
votando a nadie y
votando en forma
residual o
refractaria en
blanco o anulado.
EC – Entonces
tenemos fórmula
Mujica-Astori 49%,
fórmula
Lacalle-Larrañaga
42%, indefinidos 9%.
¿Qué puede pasar a
partir de estos
números?
OAB – Hay que
esperar, en análisis
de largo plazo se
citan más modelos
anteriores de los
que tenemos.
EC – El único
antecedente de
balotaje que
tenemos, el del año
99, ¿deja alguna
lección?
OAB – Sí, pero vamos
a tomarlo con
pinzas. Primero,
fueron cuatro
semanas y no cinco,
es un 25% más de
tiempo, no es lo
mismo tener cuatro
semanas que cinco,
el que tiene que
preparar un examen
sabe que si le dicen
“tenés
una semana más”,
festeja.
EC – Esta vez la
campaña es más
larga.
OAB – Sí, pero
recordemos que en
cuatro semanas,
cuando la elección
terminaba el 31 de
octubre de 1999, el
11 de noviembre –11
días después– se
llegó formalmente a
un acuerdo firmado,
sellado, en la casa
del PN, entre el
Directorio del PN y
la fórmula
presidencial
Batlle-Hierro y el
PC, en el cual se
hace un compromiso
de gobernar juntos,
lo que técnicamente
se denomina instalar
un gobierno de
coalición en base a
un programa
partidario. A partir
de ahí el PN salió a
anunciar el voto –no
fue solamente una
recomendación sino
una decisión, el PN
vota porque va a
participar en este
gobierno– y Lacalle
y los principales
dirigentes del PN
salen en campaña
electoral a recorrer
todo el país, a
convencer a los
blancos de dar ese
paso histórico que
era votar colorado y
–en aquel momento
era muy importante–
votar a un Batlle,
que era un apellido
históricamente
adversario del PN.
El resultado fue
Jorge Batlle 52% y
Tabaré Vázquez 45%.
Veamos entonces la
secuencia de las
encuestas. Al 7 de
noviembre, cuando no
había acuerdo…
EC - …cuando todavía
no se había dado a
conocer el acuerdo
PC-PN.
OAB – Sí, no se
había hecho el
acuerdo, recién
estaba en proceso de
negociación. En
principio se pensaba
que concluía,
Lacalle a título
personal ya había
dado su apoyo, pero
no había una señal
pública oficial para
todos los blancos.
La intención de voto
a Vázquez era 44%, a
Batlle 37% y los
indefinidos, en la
primera encuesta del
99 hacia el
balotaje, 19%.
EC – Muchos más
indefinidos que
ahora.
OAB – Sí, un poquito
más del doble. Eso
antes del acuerdo.
Luego del acuerdo,
Vázquez trepa un
poquito del 45%
–esto no tiene que
ver con el acuerdo
sino con las
oscilaciones de las
encuestas– pero
Batlle salta del 37%
al 43% y ahí ya los
indefinidos bajan al
12%. A cinco días
del balotaje, Batlle
ya había superado a
Vázquez y estaba en
46% y Vázquez seguía
clavado en 45%. Esto
es interesante,
Vázquez empieza y
termina con 45%, la
primera encuesta le
da 44%, última
encuesta 45% y en la
votación 45%.
Mientras que Batlle
empezó con 37%,
llegó a 43%, después
a 46% y ahí se
terminó la difusión
pública.
La última encuesta
que hicimos no fue
difundida. Nosotros
en el 99, como
hicimos en otras
oportunidades,
hicimos lo que se
llama un “tracking
diario”, es decir
una encuesta de
todos los días que
se va acumulando
mediante una técnica
determinada; eran
casi 300 encuestas
todos los días que
permitían tener un
movimiento diario de
la votación. El
sábado anterior a la
elección hicimos dos
encuestas, una de
mañana y una a
última hora, y la
última encuesta nos
dio 47,8% a favor de
Batlle y 44,7% a
favor de Vázquez,
con 7 y medio de
indecisos, es decir
una diferencia a
favor de Batlle de
3,1. Entonces las
tendencias permitían
suponer una ventaja
no inferior a esos 3
puntos pero tampoco
superior a 8 entre
Batlle y Vázquez, y
terminó
efectivamente siendo
de 7 puntos.
Entre los famosos
ataques a las
encuestas hicimos
referencia a Jorge
Batlle diciendo que
Factum se
equivocaba, que en
el 99 habíamos dado
un empate. Primero,
en la última
difusión pública no
hubo empate sino que
Batlle estaba arriba
en una línea de
permanente y
acelerado
crecimiento, y
además dio
claramente 3 puntos
arriba a un Vázquez
absolutamente
estabilizado,
estancado y una
proyección de los
indecisos que nos
daba un margen de 3
a 8 puntos de
ventaja para Batlle.
Este dato fue dado
el sábado 27 de
noviembre a las 21
horas y 11 minutos
en el comando de
Batlle en Luis
Alberto de Herrera
casi 26 de marzo;
esto fue recibido
por José Luis Batlle
y Edgardo Novick y
alrededor de una
hora después estuvo
en manos de Jorge
Batlle.
EC – Esa fue la
secuencia en el año
1999, ¿entonces?
OAB - Esto quiere
decir que es vista
la naturaleza de los
acuerdos, de que de
un lado hay un
partido consolidado,
sólido y único como
el FA y del otro
lado la base son dos
partidos distintos,
que aunque estén
relativamente
emparentados y sean
vistos por la gente
como parte de un
mismo bloque son dos
partidos –el que
votó a Mujica-Astori
lo votó, el que votó
a Bordaberry-De León
no votó a
Lacalle-Larrañaga y
ahora se le está
diciendo que los
vote,
sicológicamente son
cosas distintas– es
natural, y el
balotaje del 99
refuerza esa idea,
que haya un sector
de gente cuya
primera decisión sea
no saber qué hacer,
es decir lo que
llamamos “indecisos”
o “indefinidos”.
Por lo tanto
tengamos presente
que en los
indefinidos es
probablemente donde
Lacalle-Larrañaga
pueden tener todo su
crecimiento –luego
podrá ganar empatar
o perder– y es donde
Mujica-Astori tienen
menores
posibilidades.
En el año 99 Vázquez
no captó nada de los
indefinidos, terminó
con lo que empezó.
Hoy hay que ver si
se da o no esa
conducta, un único
ejemplo anterior no
sirve para trazar
una línea, no
podemos saber. Sin
perjuicio de eso –lo
vimos el viernes
pasado cuando
analizamos los datos
de la elección
propiamente dicha–,
naturalmente este es
un escenario más
favorable para
Mujica que para
Lacalle, que está
peleando de atrás.
Pero mucho depende
de la actitud del
PC. Mientras que en
el 99 hubo un
acuerdo entre el PN
y el PC, hasta ahora
ha habido una
recomendación a
votar, no es un PC
que decide votar
como partido sino
que recomienda
votar. Su secretario
general –que
equivale al papel de
Lacalle en el 99–,
Pedro Bordaberry, no
está haciendo por
ahora campaña a
favor de Lacalle y
Larrañaga, aunque sí
hay una actitud más
comprometida de los
viejos líderes
partidarios
–Sanguinetti y
Batlle– como también
de alguna gente de
Vamos Uruguay; por
ejemplo la
agrupación
Alternativa
Independiente, en
Montevideo, que guía
el diputado electo y
politólogo
Fitzgerald Cantero,
hace dos días se
comprometió y
participará
activamente en el
voto a
Lacalle-Larrañaga.
Hay que ver si estos
pronunciamientos se
siguen dando y cuál
es la actitud final
que adopta
Bordaberry, lo cual
no es nada menor.
EC – ¿Qué más desde
el lado del FA?
OAB – Recordemos
estas cifras:
octubre 48% pero la
última encuesta daba
46%, habíamos
proyectado que podía
haber de 2 a 4
puntos porcentuales
de indecisos que se
volcaran al Frente,
y se volcaron 2. Es
decir del 46 al 48
son gente que votó
al FA pero que
estuvo hasta
bastante último
momento indecisa.
A su vez, cuando
todos aquellos
sucesos del mes de
setiembre,
declaraciones de
Mujica en Buenos
Aires y otros
elementos, el FA
cayó al 44%. Por lo
tanto, de 44 al 46
hay otros 2 puntos
débiles, hay 2
puntos más cercanos
al Frente, que
terminaron votando
al Frente pero se
retraen y sienten
desagrado cuando
Mujica actúa en un
lenguaje un poco
salido de tono que
esa gente puede
considerar como de
estilo barra brava,
y otros 2 puntos que
a último momento
decidieron. Entonces
esas declaraciones
de Mujica
posteriores a la
encuesta, como
cuando dijo que
Batlle tome Viagra y
que es un viejo no
sé qué, no ayudan a
consolidar este 49%.
Tiene que tener
cuidado, porque el
49 no es
necesariamente un
punto de partida,
puede ser también un
punto de llegada o
puede ser el punto
de comienzo de un
retroceso según las
cosas que se hagan y
que se digan. Hay
claramente
demostrado un
electorado que votó
al FA que es muy
sensible a retraerse
y a disgustarse con
ese tipo de
actitudes que
considera que no
corresponden al
modelo de presidente
de la República que
le gusta tener.
Sobre las
posibilidades de
Lacalle hicimos un
análisis muy
detenido el viernes
pasado, depende de
si capta al
electorado que votó
al FA, personas
cuya adhesión al FA
tiene cierta
debilidad, que
decidieron con
ciertas pinzas votar
al FA. Esta gente
tiene en líneas
generales una
cultura de izquierda
y decir que “un
gobierno –estoy
extrayendo
declaraciones de
Lacalle en El
Espectador– encabezado
por José Mujica,
apoyado por la
mayoría
parlamentaria ya
obtenida, podría
convertirse en una
aplanadora dedicada
a llevar adelante un
programa con ideas
tremendamente
radicales”...
Cuidado con frases
como esta; esas
personas pueden
dudar de votar a
Mujica pero votaron,
y probablemente
bien, con gusto, a
parte de esa mayoría
parlamentaria. Con
esta frase está
diciendo que quien
puede llevar
adelante un programa
con ideas
tremendamente
radicales no es sólo
Mujica; la
aplanadora sería la
mayoría
parlamentaria a la
cual votó esa gente.
Entonces esa gente
se puede sentir
agredida con esta
forma, agrede a todo
lo que votaron, no
sólo a Mujica o
Mujica-Astori, que
es lo que Lacalle
tiene que separar
diciendo “a
Mujica –o Mujica-Astori–
no lo vote pero
usted habrá estado
muy bien en votar su
mayoría
parlamentaria, yo
eso no se lo voy a
cuestionar, yo tengo
que gobernar con esa
mayoría
parlamentaria”.
Pero si agrega a la
mayoría
parlamentaria comete
un error de campaña
tan fuerte como el
de Mujica cuando
hace declaraciones
sobre Batlle, el
Viagra y su vejez.
EC – Y a propósito
de esto hay oyentes
que preguntan cómo
puede incidir la
politización en la
que ha ingresado en
estas horas el caso
Feldman, con
declaraciones de
Batlle y de Lacalle
por un lado, con las
respuestas que han
venido del FA.
OAB – Sí, sobre eso
me reservo la
opinión porque hasta
no tener una
encuesta no me es
tan fácil. Hay cosas
que uno las prevé,
esto que estoy
diciendo de Mujica o
de Lacalle surge con
mucha claridad de
elementos
estructurales del
voto o de
comportamientos que
ya se dieron en el
tramo anterior de
campaña electoral
entre julio y
octubre. Este es un
caso absolutamente
nuevo, no tiene
antecedentes, tiene
muchos elementos
cruzados de
distintos puntos, no
me atrevo a decirlo.
Solamente diría esto
a cuenta de tener
datos sin los cuales
uno no puede
arriesgar opinión o
análisis: este
electorado que votó
al FA con dudas
tiene una cultura de
izquierda. Esta
cultura de izquierda
es muy sensible a
muchas cosas, una de
las cosas a las que
es sensible es a
todo lo que se le
suene a lenguaje o
discurso de derecha
autoritaria.
Palabras como las de
Batlle, donde
empieza a presentar
una maquinación
terrorista, acusando
a Marenales más o
menos tratando de
involucrar al MPP o
al MLN o a Mujica
con el tema de las
armas, aunque tenga
razón –yo no estoy
discutiendo los
hechos porque no los
conozco, creo que
los conoce muy poca
gente, pero estoy
hablando lo que
suena-, a esa gente
votante del Frente,
débil, que puede
decidir la elección,
eso le puede sonar a
discurso de derecha
autoritaria; no digo
que lo sea, digo lo
que le puede sonar a
esa gente y eso le
puede afirmar el
voto a Mujica-Astori.
Mucho cuidado, el
error más grande de
campaña que se puede
cometer en una
elección que
requiere filigrana,
sutileza y
sofisticación como
es un balotaje es
pensar como piensa
la gente de uno,
hablar como le gusta
a la gente de uno,
cuando la elección
se define, sobre
todo para el lado de
Lacalle-Larrañaga,
tratando de captar
al otro.
Y cuidado del lado
de Mujica-Astori en
hablar a los suyos
duros, a los suyos
convencidos, a los
de toda la vida, a
los que salen a la
plaza, cuando tienen
un segmento débil
que entró y salió en
el voto al FA y que
hay actitudes que
también lo pueden
alejar. Hay que
mirar la cabeza del
otro, hay que mirar
la cabeza del que
hay que afirmar o la
cabeza del que hay
que convencer en una
campaña electoral de
esta sutileza. Si
no, se cometen
errores trágicos en
una elección que se
puede terminar
disputando milímetro
a milímetro. Para
que nadie entienda
mal, no quiero decir
que esto termina con
una diferencia en
milímetros a favor
de nadie sino que se
disputa milímetro a
milímetro, después
alguien puede sacar
o no una gran
ventaja o terminar a
la uruguaya siempre
hasta último momento
viendo cuál es el
último decimal.
***