JUAN
ANDRÉS
ELHORDOY:
Con
el
tema
“Los
80
primeros
días
de
la
administración
Mujica
Cordano”,
recibimos
al
politólogo
Oscar
A.
Bottinelli,
director
de
Factum,
para
hacer
un
pequeño
balance
de
este
tiempo
transcurrido.
***
OSCAR
A.
BOTTINELLI:
No
sé
por
qué
se
ha
fijado
casi
como
un
estándar
–debe
ser
por
lo
lindo
del
número–
el
análisis
de
los
100
primeros
días,
estamos
en
los
cuatro
quintos
de
los
100
primeros
días.
Además,
se
dice
que
lo
que
no
se
impulsó
en
esos
primeros
100
días
rara
vez
camine
a
buena
velocidad.
Es
un
dicho
que
podría
discutirse
pero
que
tiene
bastante
asidero
en
lo
nacional
y en
lo
comparativo.
Tenemos
una
situación
como
se
dio
en
1999-2000:
dos
gobiernos
sucesivos
del
mismo
partido.
En
realidad
tiene
una
parte
de
continuación
y
una
parte
fuerte
de
cambios
y a
veces
de
tensión.
Porque
en
un
país
que
no
hay
reelección
presidencial
el
cambio
de
presidente
no
necesariamente
es
producto
de
la
voluntad
de
retiro
definitivo
del
anterior
sino
que
puede
ser
un
impasse
del
anterior.
Y
aunque
pueda
ser
un
retiro
del
cargo
de
gobierno
y de
expectativas
de
retorno
a
cargo
de
gobierno
no
necesariamente
es
retiro
de
liderazgo.
Recordemos
que
sobre
eso
hicimos
un
análisis
aquí
cuando
Mujica
a
fines
de
2008
desafió
la
unción
de
la
candidatura
Astori.
En
realidad
no
sólo
desafió
a
Astori
como
candidato
presidencial
sino
que
hizo
un
desafío
al
liderazgo
de
Tabaré
Vázquez
que
generó
tensiones,
algunas
réplicas
y
contrajuegos
en
el
correr
de
la
campaña
electoral.
Eso
queda
presente
en
la
instalación
de
un
nuevo
gobierno
y
siempre
produce
algún
tipo
de
rechines
en
el
algún
lado.
Y
además
no
sólo
hay
cambios
como
que
Vázquez
era
más
bien
líder
del
conjunto
del
Frente
Amplio
(FA)
aunque
luego
fue
volcándose
a
liderar
un
determinado
tipo
de
concepción
del
FA y
Mujica
claramente
surge
de
otro
lado
del
FA.
Además
de
orígenes
políticos
hay
diferencias
muy
fuertes
de
estilos
personales,
lo
que
puede
llamarse
el
estilo
Tabaré
y el
estilo
Pepe.
Y
hay
algunos
rasgos
salientes
de
este
nuevo
estilo
desde
la
elección,
remarcados
en
la
asunción
y
presentes
en
los
80
días,
en
que
se
combinan
los
elementos
de
estilo
con
los
elementos
de
fondo,
de
cambio
de
procedimientos
o
actitudes.
Sin
duda
la
consensualidad,
la
búsqueda
del
consenso
global
en
el
sistema
político,
aparece
como
un
elemento
fuerte,
como
contrario
a
una
línea
más
bien
de
confrontación
que
fue
la
constante
de
Tabaré
Vázquez
y de
darle
muy
poco
espacio
a la
participación
de
la
oposición,
aún
en
el
diálogo
para
la
búsqueda
de
soluciones
a
problemas.
El
símbolo
mayor
de
esta
búsqueda
de
consensualidad,
el
que
va a
quedar
plasmado
durante
todo
el
período,
es
la
presencia
de
la
oposición
en
los
directorios
de
los
entes
autónomos
y
servicios
descentralizados,
en
las
empresas
y
distintos
servicios
que
actúan
de
manera
relativamente
autónoma
del
Poder
Ejecutivo.
Pero
lo
más
relevante
de
esta
presencia
de
la
oposición
es
que
es
la
segunda
vez
que
va a
ocurrir
en
los
últimos
43
años;
es
decir,
durante
toda
la
vigencia
de
la
Constitución
de
1967.
El
primer
caso,
que
fue
excepcional
en
la
vida
del
país,
fue
cuando
la
restauración
institucional,
en
que
todo
el
sistema
político
estuvo
presente
en
la
administración
autónoma
y
descentralizada
como
producto
de
esa
concertación
que
buscaba
consolidar
la
restauración
democrática
en
la
transición
institucional.
Esta
es
la
segunda
vez.
Siempre
los
entes
autónomos
estuvieron
íntegramente
compuestos
por
personas
pertenecientes
a
los
grupos
políticos
de
la
coalición
de
gobierno
o
del
partido
de
gobierno,
fueran
uno
o
fueran
dos.
Y
hay
un
error
cuando
se
dice
que
nunca
se
había
excluido
a
las
minorías;
la
oposición
siempre
fue
excluida,
salvo
en
ese
período
del
85-90.
Y
además
esta
consensualidad
da
paso
a
haber
destrabado
la
renovación
de
la
Corte
Electoral
y el
Tribunal
de
Cuentas,
que
ocurrirá
en
las
próximas
semanas,
y
que
se
realiza
con
al
menos
de
ocho
a
diez
años
de
retraso.
Estos
organismos
fueron
designados
hacia
fines
de
1996,
normalmente
deben
renovarse
cada
cinco
años
aunque
no
tiene
por
qué
coincidir
con
los
cambios
de
gobierno
estrictamente.
También
se
ha
creado
un
“estado
de
espíritu”
del
gobierno;
es
decir,
buscar
en
general
que
las
medidas
que
tome
y
que
los
pasos
que
da
no
ahonden
diferencias
sino
que
busquen
encuentros.
Por
eso
se
ha
hablado
muy
manidamente
de
la
“luna
de
miel”,
por
lo
menos
de
algo
medio
empalagoso
en
toda
esta
relación.
Hay
algunos
detalles:
la
interpelación
de
Lacalle
al
ministro
de
Economía,
que
al
final
nadie
sabe
si
fue
interpelación
desde
el
punto
de
vista
sustantivo
porque
al
final
fue
quién
acordaba
más
con
el
otro
y
todos
entre
sí,
y el
ministro
sale
respaldado
por
la
totalidad
del
Senado;
la
construcción
de
cárceles,
que
el
ministro
Bonomi
va
avanzando
en
un
diálogo
permanente
con
referentes
de
los
otros
partidos,
que
van
acordando
las
distintas
soluciones;
en
materia
de
seguridad
otras
medidas
pero
por
ejemplo,
como
un
dato
puntual,
el
juicio
positivo
concordante
en
líneas
generales
que
hubo
del
sistema
político
sobre
el
operativo
policial
ante
los
hechos
del
martes
a
consecuencia
de
la
definición
del
Campeonato
Uruguayo;
luego
está
también
el
acuerdo
multipartidario
en
materia
energética,
que
se
acaba
de
celebrar,
donde
aparece
como
un
elemento
clave
de
decisión
la
apuesta
al
carbón
y
quedaría
planteado
como
un
elemento
de
debate
la
apuesta
o no
a la
energía
nuclear.
Y
luego
hay
una
diferencia
de
estilos.
Por
un
lado
está
el
estilo
fuerte
de
Tabaré
Vázquez,
cuyo
mensaje
quedó
constituido
primero
por
delegar
completamente,
un
hombre
que
les
dejaba
a
los
ministros
un
campo
libre
muy
grande,
cosa
que
ahora
no
ocurre;
el
resolver
en
última
instancia,
él
en
solitario
y
sin
apelación,
con
un
mecanismo
fuerte
de
ejercicio
de
autoridad,
que
además
se
completó
por
elementos
gestuales
que
en
conjunto
se
definen
como
un
estilo
mayestático,
imperial.
Y
esto
quedó
contrapuesto
con
la
búsqueda
de
un
mensaje
no
sé
si
de
decisión
colectiva
pero
por
lo
menos
donde
el
presidente
está
más
encima
de
los
ministros
pero
además
se
debaten
un
poco
más
las
decisiones.
Hay
que
ver
cuánto
hay
de
sustancia,
cuánto
de
forma
en
todo
esto,
y un
estilo
más
humilde
que
presenta
el
presidente
de
la
República
que
puede
catalogarse
como
un
estilo
más
republicano.
Aunque,
a
contrasentido
a
todo
esto,
la
actitud
de
habilitar
la
designación
de
Kirchner
no
fue
ni
conversada
ni
se
buscaron
consensos,
y
fue
claramente
una
decisión
en
solitario
en
que
el
presidente
hizo
la
asunción
personal
de
la
decisión
y de
los
costos
que
eventualmente
pudieran
a
haber.
***
JAE
–
Entonces,
teniendo
claro
estos
dos
estilos
que
tú
marcabas
–el
estilo
Tabaré
y el
estilo
Pepe–
te
pregunto
cuáles
son
los
riesgos
que
aparecen
en
estos
primeros
80
días
hablando
ya
de
la
gestión
y
del
gobierno
de
Mujica.
OAB
–
Primero,
de
lo
anterior
dimos
algunas
pinceladas,
no
es
un
balance
exhaustivo,
y de
esto
último
también
fueron
algunas
enumeraciones,
a
cuenta
de
que
esto
daría
para
mucho
mayor
cantidad.
Conviene
enumerar
varios.
Sin
duda
el
más
significativo
que
aparece
como
problema
o
riesgo
fue
la
derrota
electoral
del
oficialismo
el 9
de
mayo.
En
el
mundo
entero,
cuando
hay
elecciones
intermedias
–intermedias
se
dice
entre
una
elección
política
nacional
y
otra,
sea
de
lo
que
sea,
incluso
plebiscitos,
referéndum–,
se
considera
que
el
gobierno
sale
fortalecido,
empata,
o
pierde.
No
es
solamente
decir
que
al
oficialismo
le
fue
mal
en
la
parte
de
administrar
departamentos,
provincias,
o lo
que
fuera.
Los
análisis
son
políticos
y no
hay
duda
que
el
oficialismo
tuvo
un
gran
retroceso
en
votos,
de
alrededor
de
180.000
votos,
y
perdió
la
mitad
de
las
intendencias
que
tenía,
ganó
una
más
pero
pasó
de
ocho
a
cinco
y
perdió
dos
de
alta
importancia
como
Salto
y
Paysandú.
Esto
es
un
golpe
al
gobierno
y a
ese
gran
optimismo
que
se
estaba
dando
en
el
FA,
en
el
oficialismo,
incluso
sin
haber
advertido
demasiado
que
la
mayoría
absoluta
en
la
Cámara
de
Diputados
se
logró
en
el
anca
de
un
piojo.
Esto
es
algo
sobre
lo
que
sin
duda
el
oficialismo
tiene
que
reflexionar
mucho,
y no
se
ven
reflexiones
demasiado
profundas.
Se
ven
reflexiones
demasiado
puntuales
buscando
explicaciones
laterales
y no
yendo
a lo
central:
qué
le
está
pasando
al
FA
con
la
ciudadanía
que
está
perdiendo
sintonía
desde
hace
cinco
años.
Segundo,
un
riesgo
que
no
es
novedad:
hay
una
sobre
exposición
mediática
del
presidente
de
la
República.
En
estos
días
parecería
que
la
empezara
a
dosificar,
otras
veces
pareció
lo
mismo
y
reapareció
la
sobre
exposición.
Un
presidente
de
la
República
que
habla
tanto
es
un
presidente
de
la
República
que
queda
sometido
al
desgaste
que
implica
el
decir
demasiadas
palabras.
Tercero,
se
está
notando
una
dificultad
en
aterrizar
planes,
algunos
considerados
como
la
prioridad
del
nuevo
gobierno
o
como
de
eminente
realización.
Se
está
esperando
qué
pasa
con
la
vivienda,
qué
pasa
con
la
reforma
del
Estado,
está
diluida
la
creación
del
Ministerio
de
Gobierno
al
cual
se
le
dio
una
importancia
muy
grande,
incluso
hasta
en
un
plano
que
no
implicaba
necesariamente
un
ministerio
sino
un
ministro
que
iba
medio
a
coordinar
el
gobierno
por
un
lado
y a
ser
el
portavoz
por
otro,
lo
que
iba
a
ayudar
a
mitigar
esa
sobre
exposición
del
presidente
y a
tratar
de
evitarla.
Quizás
en
el
ministerio
del
Interior
y en
el
de
Economía
es
donde
se
ve
con
mucho
más
claridad
el
aterrizaje
de
los
planes.
En
Economía
no
es
para
quitar
méritos
pero
en
definitiva
es
el
mismo
equipo
económico
que
ya
viene
en
rodaje
desde
el
gobierno
anterior.
JAE
– O
sea
que
por
un
lado
tu
dirías:
derrota
electoral
del
oficialismo,
sobre
exposición
del
presidente,
este
aspecto
de
dificultad
de
aterrizar
planes.
¿Qué
otros
elementos
destacarías?
OAB
–
Después
aparece
como
un
riesgo,
una
advertencia:
que
está
consensualidad
tan
fuerte
en
el
sistema
político
claramente
no
aparece
en
los
empresarios.
Globalmente
no
se
da
en
el
plano
laboral,
fue
clara
la
exposición
de
las
tres
principales
cámaras
–Industria,
Comercio
y
Mercantil
de
Productos
del
País–
el
miércoles
en
ADM.
Y
especialmente
en
los
industriales
–aquí
puede
haber
algunos
matices–
no
hay
ninguna
consensualidad
con
la
política
cambiaria,
donde
expresamente
advierten
sobre
los
efectos
de
lo
que
consideran
atraso
cambiario.
Luego
está
el
tema
de
las
relaciones
con
Argentina,
que
comenzaron
con
una
muy
buena
relación
personal
entre
la
presidente
Cristina
Fernández
de
Kirchner
y el
presidente
José
Mujica.
Eso
dio
lugar
a la
habilitación
uruguaya
a
que
el
ex
presidente
Néstor
Kirchner
fuera
designado
secretario
general
de
la
Unión
de
Naciones
Suramericanas
(UNASUR).
En
su
momento
hicimos
un
análisis
largo
sobre
esto,
provocó
reacciones
muy
tibias,
que
claramente
fueron
tibias
por
el
clima
consensual,
pero
marcaron
cierta
molestia
de
la
oposición
uruguaya
particularmente
del
Partido
Nacional
(PN)
y
del
Partido
Colorado
(PC);
una
reacción
fuerte
de
la
oposición
argentina,
declaraciones
no
muy
buenas
sobre
el
presidente
uruguayo;
el
ex
presidente
Sanguinetti
sobre
todo
en
un
artículo
en
el
diario
La
Nación,
antes
en
algunas
declaraciones
a
medios
uruguayos,
había
calificado
el
paso
dado
por
Mujica
como
una
“ingenuidad”.
Y
efectivamente
lo
que
se
observa
a
dos,
tres
semanas
de
ocurrida
la
habilitación
de
Kirchner
es
la
no
correspondencia
a
este
paso
del
gobierno
argentino.
Es
decir,
el
corte
del
puente
sigue;
hay
un
planteo
de
monitoreo
no
sobre
el
Río
Uruguay
sino
al
interior
de
la
planta
de
UPM
(ex
Botnia);
no
se
ha
avanzado
en
el
dragado
del
canal
Martín
García
que
es
muy
importante
para
mejorar
la
navegabilidad
del
Río
Uruguay;
hay
problemas
con
el
trasbordo
de
cargas
que
van
de
Argentina
a
Brasil
por
el
puerto
de
Montevideo;
y
además
un
problema
que
es
general,
no
es
contra
Uruguay
pero
también
golpea
a
Uruguay,
que
es
este
freno
–que
luego
la
presidente
dice
que
no
es
tal
pero
por
otro
lado
parece
que
sí–
a la
importación
de
alimentos,
es
decir
a la
exportación
de
alimentos
hacia
Argentina.
Y
golpea
mucho
en
esto
del
puente
que
justamente
la
semana
pasada
hubo
una
media
docena
de
piquetes
que
bloquearon
la
capital
federal
y se
pudo
ver
que
alguno
fue
disuelto
en
30
minutos,
y el
que
demoró
más
en
disolverse
duró
6
horas.
El
bloqueo
del
puente
internacional
lleva
más
de
42
meses
continuados
lo
cual
está
determinando
claramente,
por
si
quedaban
dudas,
que
los
piquetes
continúan
o no
según
haya
voluntad
política
del
gobierno,
y el
que
el
piquete
continúe
es
un
desgaste
para
el
presidente
Mujica.
Y
esto
generó
además
el
primer
mensaje
público
que
se
dio
a la
ciudadanía
de
un
distanciamiento,
por
lo
menos
una
asintonía,
entre
el
actual
presidente
Mujica
y el
anterior
presidente
Vázquez.
Y en
líneas
generales
uno
diría
que
quizás
la
política
exterior
está
apareciendo
como
el
talón
de
Aquiles,
el
elemento
más
débil,
de
manejo
de
este
gobierno.
El
presidente
además
no
tiene
lo
que
tuvo
Batlle,
que
también
era
muy
dado
a
gestos
personales
muy
fuertes,
que
tuvo
el
contrapeso
de
la
figura
de
Didier
Opertti,
que
mantenía
una
línea
muy
clásica
en
la
política
exterior
del
país.
Ahora
parecería
que
está
faltando
en
el
entorno
del
gobierno
alguna
figura
o
algún
elenco
de
ese
peso
que
pueda
contrabalancear
estos
pasos
más
personales
del
presidente.
***
JAE
–
Nos
quedamos
por
acá,
¿nos
reencontramos
el
viernes?
OAB
–
Sí,
pero
anunciemos
que,
después
de
casi
18
años,
el
viernes
que
viene
llegan
a su
fin
nuestros
análisis
semanales
en
radio
El
Espectador.
Nuestra
labor
personal
de
análisis
político
en
el
Grupo
El
Espectador
va a
continuar
por
escrito,
una
vez
al
mes
en
Espectador.com.
Además,
aquí
en
el
programa
En
Perspectiva
Factum
va a
continuar
también
una
vez
al
mes
con
la
divulgación
y
análisis
de
encuestas
de
opinión
pública,
es
decir
la
Encuesta
Nacional
Factum.
Y
por
supuesto
nosotros
vamos
a
continuar
el
análisis
político
con
la
columna
dominical
en
el
diario
El
Observador
y
con
la
participación
en
seminarios,
entrevistas,
etcétera.
El
próximo
viernes
entonces,
como
despedida
de
un
ciclo
que
se
inició
el
1º
de
octubre
de
1992,
vamos
a
hacer
un
análisis
comparativo
de
cómo
estaban
los
principales
elementos
del
Uruguay
de
1992
y
del
Uruguay
de
2010.
***