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El Estado y la democracia en cuestión.
América Latina después de la transición (quinta nota)
Juan Rial
Cuarta nota
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. Delito organizado, corrupción, como vías alternativas para
el ejercicio del poder político.
La corrupción es una practica milenaria y es obvio que es
imposible eliminarla en el marco del ejercicio del poder. Sin
embargo, en este campo, así como en otros, por ejemplo el
tráfico de drogas, se lanzan campañas constantes para
"erradicar" esas prácticas. Si se trata de un enunciado a los
efectos de motivar la lucha contra la corrupción es una buena
idea, pero si se cree, efectivamente que es un objetivo
posible, se está muy equivocado. Pero en el mundo de hoy los
enunciados suelen ser movilizadores y traen consecuencias no
deseadas, tales como el desaliento que ocurre cuando se
percibe que se trata de una lucha cuyo objetivo no es posible
de alcanzar. El desaliento tiene como consecuencia que la
práctica se mantenga y que, en ciertos casos, hasta se
incremente.
El punto clave en lo referido a actividades delictivas que
tienen implicancias políticas importantes, es controlarlas
para reducirlas en todo lo posible. En el caso de la
corrupción se trata que sea mínima, y se trata de reprimir
constantemente esas prácticas, dentro de un marco legal
liberal, sabiendo que imposible "eliminarla". Las prácticas
delictivas en el campo político que pueden ser "toleradas"
dependen de la situación de cada país o entorno, o tiempo
preciso. Como es bien sabido, el aforismo de Lord Acton sigue
siendo válido: "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe
absolutamente"
En casa país de la región no pasa un día sin que haya una
denuncia por corrupción que afecte a funcionarios electos o
designados con responsabilidades en la conducción de los
asuntos estatales. Esto no es más que otro de los signos de la
precariedad en que ha caído el estado, de la
desinstitucionalización y del temor frente al futuro que les
puede esperar a los políticos que "pescan" un cargo que saben
no durará mucho tiempo, ante la falta de perspectivas de poder
realizar una carrera política. La búsqueda de un atajo hacia
la seguridad personal, visto que no ven muchas posibilidades
de futuro a su carrera política lleva a la tentación del
enriquecimiento por vías ilícitas. Dado que el tratamiento
comunicacional es diferente no se percibe que esas mismas
prácticas se dan en el ámbito de las grandes corporaciones
privadas y en las organizaciones internacionales.
No siempre se actúa en provecho personal. En muchos casos para
mantenerse en la política, como decíamos antes, para no ser un
"político pobre que devenga en pobre político" se consigue
dinero para las arcas del partido o movimiento que impulsa el
o los políticos involucrados en el esquema ilícito. "Robar
para la corona" ha pasado a ser una actividad corriente en la
región .
Si la desinstitucionalización es elevada, si se está frente a
situaciones semi-autoritarias, que pueden convivir con un
gobierno, electo, un congreso, y hasta ciertos grados de
"libertad de expresión" y se tolera una oposición, o sea si
esta frente a una democracia "iliberal" , por lo general hay
también una "kleptocraia" o "mafiacracia". Un grupo que tiene
cierta legalidad para actuar al frente del estado y en algunos
casos también legitimidad se beneficio colectiva y
personalmente de esos controles. En la última década del siglo
XX, el gobierno de Fujimori, por ejemplo, recorrió ese camino
y tambien hubo acusaciones constantes contra el gobierno
legítimo y legal de Carlos Menem.
A pesar de la creencia en contrario, la corrupción no suele
ser el principal problema de los países de la región. Ni
siquiera cuando alcanza grados desmesurados, como fue el caso
citado del Perú, o la practicada en la Argentina. Las cifras
comprobables de robos por parte de funcionarios suelen ser una
infima parte del PBI.
Frente a la magnitud del problema de la falta de empleo, de la
falta de apoyo estatal para los sectores excluídos, de la
informalidd, de la evasión impositiva, esa actividad delictiva
es un problema menor. Pero si tiene mucha repercusión por la
percepción que causa en la población la difusión de esos
hechos.
A menos que se tome como premisa una posición que siguiendo
orientaciones de Erasmo y Kant privilegie la ética sobre la
política, rara vez puede decirse que los grados de corrupción
afecten seriamente el desempeño de un gobierno. Si ello fuera
asi el Japón y la Corea del sur de la postguerra serían países
no desarrollos. Ni el primero sería parte del grupo de los
siete ni el segundo uno de los llamados, en un pasado
reciente, "tigres asiáticos".
Sin embargo, la comprobación, o el mero hecho de la constante
denuncia de hechos de corrupción que puedan parecer
verosímiles a la opinion pública, lo que supone una activa
intervención de los medios de comunicación social para obtener
esa reacción, puede crear un ambiente político que lleva a la
fuerte deslegitimación del político y de la política. Si a
ello se agrega el constante cambio de papeles, mediante el
cual muchas veces el denunciante termina siendo denunciado no
es de extrañarse que el viejo recurso de acusar a un gobierno
de corrupto que ha servido para justificar golpes del estado,
vuelta a plantearse. Sólo que ahora suelen hacerlo partidos o
movimientos sociales para desacreditar a rivales, motivando el
crecimiento de la antipolítica y la delegitimacion partidaria.
Los integrantes de los sectores populares condenan los actos
de corrupción simplemente porque ellos no reciben ningun
beneficio de ello, no porque ontologicamente consideren que
las acciones son incorrectas. Como se sabe desde hace largo
tiempo los sectores subalternos aceptan los privilegios de las
elites que mandan, siempre que que ello suponga una real
conducción que redunda en beneficio de los que están en la
base de la sociedad. Pero, cuando los privilegios son
meramente eso, y no hay contrapartida, el enojo es grande. Se
crea así una cultura política de desesperanza, de necesidades
no satisfechas, exacerbadas, y se desprecian los privilegios
de la élite que se considera inútil y hasta cierto punto
resultado del ejercicio de poderes "tiránicos". En ese marco,
la agitación en pro del recurso a la violencia puede ser
llevada adelante.
La corrupción en si misma no debería afectar en mucho el
proceso político, pero se trata de un tema que apareció en la
agenda política en las últimas décadas del siglo XX. Es parte
de la "industria" de algunas ONGs y parte de la procupación de
las organizaciones internacionales multilaterales. Aunque no
se ha podido explicar porque la corrupción no ha afectado al
mundo desarrollado, donde la misma es notoria y conocida, se
pretende indicar que el desarrollo de los países del tercer
mundo dependerá de la "erradicación" de la corrupción.
Concebida muchas veces como una agenda alternativa para
concentrar esfuerzos en areas que se sabe que no pueden
conducir a una solución, sino simplemente a mantener una
constante atención, termina por favorecer la idea que la
política es "sucia" por naturaleza.
Un corolario de esta tendencia es la "judialización" de la
política, el intento de resolver por medio de procesos y
juicios controversias políticas. Se trata de ideas llevadas a
la práctica por entusiastas jueces, algunos con candor y
honestidad, otros, viendo una vía para la promoción personal
de sus carreras, que ha mostrado, como resultado, también
problemas serios al involucrar al poder Judicial en
actividades que son propiamente del campo de la política y no
de la justicia o de la aplicación de la ley.
En muchos casos, el fracaso de esos juicios, o la promulgación
de sentencias muy discutibles, o el simple hecho de promover
una acción judicial para promover un resultado político (el
caso de la destitución de ex presidente venezolano Carlos
Andrés Pérez es un buen ejemplo) han conducido a una
restricción en el uso del intrumento.
Sin embargo, en la región latinoamericana, el recurso a los
"tribunales venecianos" para eliminar adversarios políticos,
especialmente persiguiendo el derrocamiento de un régimen o
tratando de eliminar a quienes lo apoyaron, aún sin estar
involucrados en actividades delictivas, sigue siendo un
expediente recurrente.
Sexta nota
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