09 Ago. 2019

Elecciones en la memoria: Un mundo sin encuestas

Oscar A. Bottinelli

Radio Universal – Fuentes Confiables

¿Cómo era la política cuando no existían las encuestas? La enseñanza de la elección de 1958, cuando ningún partido o sector dimensionó cuál podría ser el resultado. “Estos errores son lo suficientemente claros para mostrar cómo, en un mundo sin encuestas, las cosas no son lo obvio que se cree, y las equivocaciones pueden ser mayúsculas”.

Las encuestas confiables, creíbles, llevaron un tiempo para que el sistema político y la sociedad las absorbieran, y empiezan al terminar el período militarista. El precursor es Equipos Consultores, con la restauración institucional. Factum surge en 1989, cinco años después, pero la encuesta pasa a ser un árbol del paisaje más hacia las elecciones de 1994, cada vez fue ganando más terreno.

Hoy son parte del paisaje. Pero todo elemento del paisaje cotidiano pierde presencia. Uno no ve lo que ve todos los días, está ahí. Entonces, cuando alguien observa un paisaje de todos los días, lo que encuentra son los defectos, las falencias, las incongruencias que tiene el paisaje. Lo otro está dado por obvio, nadie hizo nada. Como si siempre hubiera estado allí, y alguien introdujo la mano para afear o equivocarse. Tanto es así que muchos dirigentes políticos, muchos informadores, muchos analistas, parten de la base de que las percepciones son obvias a simple vista, y que se puede volar sin instrumentos. Y que lo único que hacen las encuestas es decir la exactitud del porcentaje. Años atrás un gobernante dijo que era obvio que la gente no iba a ir masivamente a un referéndum, y que la encuesta era para determinar si el porcentaje era exacto o no. Y si no era exacto, qué mal las encuestas. Nadie se puso a pensar de dónde venía esa obviedad. No pensaban que venía de las encuestas, que días atrás, semanas atrás, venían diciendo cómo era el panorama. Ya todo el mundo lo tenía en la cabeza, y eso no había sido producto de la encuesta, era producto de lo obvio.

Acá cuento una anécdota. Referéndum de 1992, Ley de Empresas Públicas, elemento central: privatización parcial de Antel, y otras medidas de tipo liberalismo económico, la encuesta de Factum y otras también, daban un claro triunfo del Sí a derogar la ley. Terminó con el 70% a favor de derogarla. Un gran productor de espacios comunicacionales, pocos días antes, nos dice “yo respeto las encuestas, pero el otro día en el club no había uno solo contrario a la ley”. “Ah, ¿En qué club?” “En el Golf”. Con total honestidad, trasladaba su mundo al Uruguay entero. Es común que los dirigentes políticos vean como obvio el mundo en que se mueven.

Un día, un candidato presidencial fue caminando desde Plaza Independencia a Factum, que en ese entonces estaba frente a la Universidad, y me dice “mirá, Oscar, veo que estoy cayendo, pero en todas estas cuadras me cruzaba con gente que me decía ‘qué bien Fulano’”. “¿Y tú contaste cuántas personas caminaban en esas cuadras?” “Ah, no”. El tema es ese, que uno recoge el que dice “qué bien”. Como el uruguayo, en general, y más antes que ahora, tiende a no ser agresivo, en general no ocurren situaciones de rechazo. Entonces registra lo favorable y cree que el clima es ese, y que la encuesta falla porque resulta que ha dado otra cosa.

Una cosa que le pasa a los dirigentes políticos es que hay un señor, que nadie sabe que va a votar a Perico. Y cuando va el encuestador le responde que votaría a Perico. Al poco tiempo ese señor va a una reunión política, a un comité, y desde el grupo dicen “ah, viene uno más”. Y ese uno más ya estaba contabilizado en la encuesta. Luego, ese señor va a un acto, por lo tanto el acto se engrosa, y dicen “seguimos creciendo”. Luego, ese señor, salta, grita “Viva Perico”. Pero la encuesta no se mueve. Y los dirigentes creen que están creciendo. Y no. Está habiendo más fervor, y están apareciendo los que ya había detectado la encuesta.

Es interesante ver qué pasaba cuando no era obvio el panorama, cuando no había encuestas. Voy a contar algunas anécdotas. En 1958 Uruguay llegaba a 93 años continuos de gobiernos colorados. Casi un siglo de gobiernos de un solo partido. Caso casi único, o único en el mundo. Primero no había elecciones del todo confiables, hubo períodos militaristas, las elecciones se pueden considerar realmente confiables a partir de 1916, con la introducción del voto secreto, entre 1916 y 1919, hace un siglo, pero lo colorado era obvio. ¿Cuál era el árbol del paisaje? Que gobiernen los colorados y los blancos sean la oposición. En todos esos años el Partido Nacional había ganado una sola elección gubernamental, en los años 20, que como se renovaba parcialmente un gobierno colegiado, aunque ganó, no ganó el Gobierno, porque quedó en minoría. En lugar de 6 a 3 quedó 4 a 5, aunque presidió Luis Alberto de Herrera. Por lo tanto, lo obvio era que el PN nunca llegara al Gobierno. Resulta que, cuando se hacen las listas, se vio que el Partido Colorado iba a lo obvio: ganaba. En ese colegiado había seis cargos de la mayoría y tres de la minoría, del segundo partido. Los tres de la minoría eran proporcionales. En la mayoría, eran para el que ganaba dentro del partido. Había una gran división colorada, con dos grandes grupos del batllismo, el de Luis Batlle y el de los hijos de José Batlle y Ordóñez, identificados con el diario El Día. La 15 y la 14. Digamos que lo obvio era que ganaba la 15. Luis Batlle confecciona, con el apoyo de su gente, la lista al Consejo Nacional de Gobierno, y pone ahí a todas sus principales figuras. Y resulta que pierde. Para sorpresa de la Humanidad, incluso de los que ganaron, que se sorprendieron de haber ganado. Era imposible. El PN luchaba y luchaba, pero era como un sueño irrealizable.

Muy importantes figuras de la 15 no repitieron como candidatos al Senado, porque era obvio que iban al Consejo de Gobierno, en el que la presidencia rotaba todos los años, y los cuatro primeros de la lista no solo iban a ser consejeros, sino presidentes. Pero, de los seis, fueron elegidos dos, porque al entrar en minoría, fue de manera proporcional, y el otro cupo fue para César Batlle Pacheco, de la 14. Es decir que cuatro que iban al Consejo de Gobierno quedaron sin ningún cargo, y dos que iban a ser presidentes quedaron a la intemperie, y terminaron después en entes autónomos. Y el Partido Nacional no ganó por tres votos: 50% de votos para el PN y 38% para el PC. Una diferencia abismal que sorprendió a todos. Entonces, cuando uno piensa que tiene riesgo de perder, hace una lista en la que Fulano, que es muy importante, vaya también al Senado. Acá, como no tenían dudas, no fue así.

Pero hay que ver la contraparte. El PN estaba dividido en dos. El herrerismo, conducido por Luis Alberto de Herrera, en unión con Benito Nardone, alias Chicotazo, que era colorado y había fundado un movimiento medio gremial y medio político, llamado Liga Federal Ruralista, y enfrente estaba la Unión Blanca Democrática, la unión de los que siempre habían combatido a Herrera y los que habían roto con él años atrás, encabezada por Daniel Fernández Crespo, y las dos vetas del nacionalismo independiente, una encabezada por Washington Beltrán, que tenía como figura de segundo plano a Wilson Ferreira Aldunate, y otra, el nacionalismo más duro, intransigente, con la figura de Javier Barrios Amorín y el diario El Plata.

LA UBD se fundó con la idea de que, con la suma de estos grupos, le ganaban a Herrera, y Herrera replica haciendo el acuerdo con Nardone. La UBD tenía la absoluta seguridad de que le ganaba al herrerismo, y Herrera creía que podía ganar, con una convicción de hierro, para disputar los cargos de la minoría del Consejo Nacional. LA UBD hace la lista, llevando en primer lugar a Salvador Ferrer Serra, porque Daniel Fernández Crespo ya era consejero, y no podía ser elegido, y en el segundo lugar va Javier Barrios Amorín. Luego van figuras de relleno, dicho con respeto. Grandes popes, pero no dirigentes políticos, entre ellos Alberto Gallinal Heber, que después sí entra directamente a la política. Es decir, la lista se hizo para obtener dos cargos. Pero gana el PN, pierde en el PN la UBD frente al herrerismo, y no sale ninguno, porque en la mayoría era todo o nada. Por lo tanto, Salvador Ferrer Serra, el hombre que iba a suceder a Fernández Crespo, terminó en el Banco Hipotecario. Y Javier Barrios Amorín fuera de todo cargo, porque no quiso aceptar nada.

Claramente, la obviedad no era tan obvia cuando las dos figuras de primer nivel quedan fuera de todo cargo porque le erraron al cálculo. No había encuestas. Del lado del herrerismo, se hizo una lista al Consejo Nacional de Gobierno, donde estaba Martín Etchegoyen, el número 2 de Herrera, que después lo sucede, Benito Nardone de aliado, con la idea de que Etchegoyen entrara al Consejo de Gobierno. Nardone, con su fuerza, disputaría el segundo cargo, tercero Eduardo Víctor Haedo, que, como la lista era preferencial, es decir que los que siguen atrás son suplentes de los que vienen adelante, sería el que estuviera “en el banco”, para ir sustituyendo, en todas las licencias, a Etchegoyen y Nardone. Luego pusieron cuatro personajes: Faustino Harrison, ruralista pero blanco, que había sido intendente de Florida; Justo Alonso, que iba también al Senado, pero que no había sido un político de lucha, de comités; y sexto Pedro Zabalza, padre de los Zabalza que después fueron figuras del MLN, que había sido intendente de Lavalleja. Ese sí era un político, pero no una figura de primer plano electoral. El resultado fue que el herrerismo le ganó a la UBD, y ganó el PN, y se llevó los seis cargos. Eduardo Víctor Haedo, que fue puesto en el banco, terminó siendo presidente del Consejo Nacional de Gobierno en el tercer año. Y Faustino Harrison, que iba al Senado, fue presidente del Consejo en el último de los cuatro años. Esto habla de cómo era un mundo sin encuestas.

El herrerismo tenía entonces seis senadores, y la idea era repetir. Y la UBD también, pero de seis pasó a ocho, y el herrero-ruralismo sacó nueve. Como además pasaron varios al Consejo de Gobierno y otros fueron de ministros, terminó entrando al Senado el número 19 de la lista, un hijo de Aparicio Saravia, que había luchado en la guerra de 1904 y tenía 93 años. Y había sido puesto, como se dice muchas veces, para decorar la lista.

Creo que estos errores son lo suficientemente claros para mostrar cómo, en un mundo sin encuestas, las cosas no son lo obvio que se cree, y las equivocaciones pueden ser mayúsculas. Hay que atender esto cuando se dice “¡Qué horror la encuesta, dijo el 25 y sacó el 26%!” Acá un partido que creía que ganaba y llegaba al 50% sacó el 38%, y otro que pensaba que no iba a pasar del 40% sacó el 50%. Y un grupo que creía que iba derecho a la derrota ganó, y otro que creía que iba a ganar, perdió dentro del propio partido. Esto es un mundo sin encuestas.