05 Jul. 2019

Elecciones en la memoria. El plebiscito del 80 y el triunfo del NO (Primera parte)

Oscar y Eduardo Bottinelli - Diálogo con Aldo Silva

Radio Universal – Fuentes Confiables

El plan político de la dictadura incluía una primera etapa de Reforma de la Constitución. Hacer una nueva, acorde con los nuevos valores que encarnaba el Proceso Cívico Militar. El proyecto debía recoger los principios del Proceso.

Tendríamos que ir un poquito más atrás. Los Golpes de Estado, en una de las clasificaciones que se hacen de los regímenes autoritarios, se dividen en lo que llaman Golpes Quirúrgicos y Golpes Fundacionales.

El Golpe Fundacional fue el de Argentina, el de Chile. La intención era empezar de cero, tirar todo lo hecho hasta el momento. Construir un nuevo Estado, una nueva estructura política, con valores diferentes.

Los Golpes Quirúrgicos son los que, al menos en teoría, en su formulación teórica, no reniegan de la democracia, sino que consideran que esta está enferma. En el caso uruguayo, los documentos militares ubicaban la enfermedad en la corrupción de los dirigentes políticos, y la subversión del marxismo internacional. Se mezclaba el comunismo, la guerrilla, la lucha armada y, en la frontera, partidos internacionales aunque no fueran marxistas. Ahí caía a veces la Democracia Cristiana, que, en aquel momento, era un partido relevante del Frente Amplio.

La concepción de Golpe Quirúrgico significa una autolimitación para la propia dictadura, que es no cambiar el sistema, sino limpiarlo. La “limpieza” se expresó en una serie de proscripciones de políticos, una larga lista, y, por supuesto, la ilegalización y persecución de los partidos de izquierda. Pero la idea era preservar los Partidos Tradicionales. En el Partido Colorado quedó un Comité Ejecutivo Administrador, que no tenía ningún valor. En el Partido Nacional, los militares nombraron directamente un Triunvirato Interventor. Y había un triunvirato real, que funcionaba ilegalmente, que integraban Dardo Ortiz, Mario Heber, que muere en ese período y lo sustituye Jorge Silveira Zavala, y Carlos Julio Pereyra.

El Golpe de Estado formal se da el 27 de junio de 1973, viene una huelga general, se puede decir que el Golpe queda relativamente consolidado, sin resistencia activa, a mediados de julio, cuando la huelga se cae. El momento culminante fue la gran manifestación en 18 de Julio, convocada por el Frente Amplio y el Partido Nacional, y también por la CNT. En los primeros días de agosto se reúnen los oficiales generales a discutir el plan político, y empieza algo no visto. A dos meses del Golpe de Estado empiezan a discutir una Reforma Constitucional. Se proponía eliminar la Ley de Lemas, el doble voto simultáneo, reducir el número de diputados, hacer una sola Cámara. El proyecto quedó en nada, pero tiempo después hacen un plan político. Hay que recordar que el régimen militar tiene dos grandes etapas: una, que tiene cierta continuidad con el régimen constitucional, con la continuidad como partícipe en el golpe del presidente Juan María Bordaberry. La otra comienza el 12 de junio del 76, cuando la Junta de Comandantes destituye a Bordaberry.

Ahí viene una nueva etapa: Para empezar, la obsesión del régimen militar uruguayo por lo jurídico fue increíble. Eso estuvo influido por el régimen brasileño, que se dedicó a hacer actos institucionales, modificando la Constitución. Una de las cosas más insólitas en un país donde habían disuelto el Parlamento, con gente presa, exiliada, partidos ilegalizados, partidos tradicionales sin funcionar y uno de ellos intervenido, fue que, lo primero que hicieron, fue suspender las elecciones de noviembre del 76.

La Corte Electoral, que también estaba intervenida, prolijamente, hasta el 15 de mayo del 76, siguió haciendo la inscripción cívica para las elecciones que nadie suponía que iba a haber.

Ahí lo que hacen las Fuerzas Armadas es un Plan Político. No olvidemos que, desde seis meses antes del derrocamiento de Bordaberry, había dos memorandos. Uno de Bordaberry y otro de Vegh Villegas. El de Vegh Villegas proponía restaurar la democracia con elementos quirúrgicos de por medio, partiendo de la base de que existen el Partido Nacional y el Colorado, y lo demás se discute. El memorándum de Bordaberry era sustituir el esquema tradicional de democracia representativa, republicana, por un régimen relativamente parecido en su arquitectura al franquismo. Un régimen corporativo, y disolver los partidos políticos.

Hay un testimonio que publica Diego Achard, que fue secretario de Wilson Ferreira Aldunate, y dice que un coronel, cuando lo llama para informarle el plan político de Bordaberry, se lo presentaron sesgado en contra. No fue muy impecable. Pero hubo algún coronel que dijo: “Si yo llego a casa y le digo a mi esposa que resolvimos que en el Uruguay no existen más los blancos y los colorados, lo primero que hace es llamar al manicomio”.

Entonces viene el derrocamiento, con la idea de ir hacia una democracia quirúrgica. Recortada, tutelada por las Fuerzas Armadas. Ese plan político incluía una primera etapa de Reforma de la Constitución. Hacer una nueva, acorde con los nuevos valores que encarnaba el Proceso Cívico Militar. El proyecto debía recoger los principios del Proceso. Desde el punto de vista de redacción tuvo dos figuras muy importantes: Eduardo Esteva, un constitucionalista muy importante, y el coronel Néstor Bolentini, que era un abogado. Ambos plasmaron ese ideario del Proceso Cívico Militar en el proyecto.

La etapa siguiente iba a ser la elección de las autoridades de los partidos políticos “saneados”. Se hablaba de que tenía que haber un tercer partido, y la duda era si sería la Democracia Cristiana, “manchada” por haber integrado el Frente Amplio, aunque en el 74 se había abierto, o la Unión Cívica. Revivir la Unión Cívica a partir de una escisión que había tenido la Democracia Cristiana, llamada Unión Radical Cristiana.

La tercera etapa terminaba con las elecciones. Entonces, el proyecto de Reforma Constitucional era muy limitado. Para empezar, subsumía o debilitaba al Poder Judicial, más como un administrador de Justicia, con un poder importante del Ministerio de Justicia, que era el Poder Ejecutivo. Consagraba un régimen presidencial puro, con un Parlamento que no podía levantar los estados de emergencia sin contar con los dos tercios de los votos y después de pasado un tiempo. También, el presidente de la República nombraba la Corte Superior de Justicia, la Corte Electoral, el Tribunal Constitucional, que además era autónomo y podía anular las leyes. Y por encima estaban las Fuerzas Armadas como Poder del Estado. Realmente el concepto de tutela estaba expresado.

La dictadura había creado, en diciembre del 73, un Consejo de Estado. Una especie de Senado pero nombrado por el presidente de la República. Después lo complementaron con el Consejo de la Nación, que era ese Consejo de Estado más todos los oficiales generales. Ese Consejo de la Nación elegía al siguiente Consejo de Estado, y ese Consejo de la Nación tenía, además, por un acto institucional, potestades de Asamblea Constituyente.

La Asamblea Constituyente redacta el proyecto de Constitución. El Consejo de la Nación lo termina aprobando el 31 de octubre de 1980, y el 30 de noviembre de ese año se realiza el Plebiscito Constitucional.

Hay algunas cosas interesantes a destacar, y en el espacio siguiente hablaremos del plebiscito en sí. Tengo anécdotas de altos funcionarios de la Corte Electoral de la época, que cuentan cómo fueron convocados por la Junta de Comandantes para explicar cómo llamaban a elecciones. Y explicaron todo. Una de las cosas que explicaron es que la cuarta acta, el acta de escrutinio, que se pone fuera de la urna, para que no haya fraude; es decir, si se manipula el contenido de la urna, el acta documenta lo que había originalmente en ella. “Háganlo”, dijeron los militares. Los funcionarios me comentaron que, en los pasillos, decían “estos no piensan hacer fraude”.

Hay dos teorías sobre esto. Está la teoría, que no es de descartar, es que tan imbuidos del valor que tenían las elecciones en Uruguay, que podían haber hecho un montón de cosas, pero no un fraude en las elecciones. No se lo podían permitir. Otra teoría es que estaban tan convencidos de ganar que no les parecía que necesitaban de un fraude. La Prensa de Buenos Aires, un diario conservador, publicó un artículo al día siguiente del plebiscito. Un artículo muy duro contra los militares uruguayos, más o menos tratándolos de ingenuos o de soberbios, y dice que, 15 días antes, los servicios de Inteligencia de la Marina argentina habían advertido a los militares uruguayos que ganaba el No. Y que, por soberbia respuesta, recibieron más o menos estas palabras: “nosotros conocemos a los uruguayos mejor que ustedes”. Y La Prensa cerraba el artículo señalando “nada suple estudiar la realidad”.