19 Jul. 2019

Elecciones en la memoria. El plebiscito del 80 y el triunfo del NO (Segunda parte)

Oscar A. Bottinelli - Diálogo con Andrés Rega

Radio Universal – Fuentes Confiables

Los debates fueron importantísimos. En medio de ese silencio político y ese temor, que hubiera gente hablando duramente contra los militares era un rayo de luz en medio de esa tiniebla.

El 30 de noviembre de 2020 se cumplirán 40 años del plebiscito del 80. En ese entonces, la actividad política estaba perseguida. Uno podría marcar tres niveles para la oposición: una oposición que tenía sus problemas y que no se podía expresar. Podía reunirse, mandarse mensajes, divulgarlos entre su gente en todo el país. Eso para el Partido Colorado y una parte del Partido Nacional. Otra parte, un poco más complicada, la tenía el PN. Otro nivel para una izquierda en el borde, donde podía estar la Lista 99 con Hugo Batalla, el Partido Demócrata Cristiano, que tenían sus problemitas. Y luego los que estaban realmente ilegalizados, al que, a cualquiera que agarraran, terminaba en el Penal de Libertad, con tratos no muy delicados.

Era un clima de población temerosa. Por esas épocas se había creado la clasificación de todas las personas en tres categorías: A-libre de culpa; B-“con manchas”; y C-afuera de todos lados, no puede ejercer docencia, no puede ejercer periodismo, no puede tener pasaporte, o si lo tenía, tenía que hacer un trámite en la Dirección Nacional de Inteligencia de la Policía.

Puede discutirse del régimen militar uruguayo cuánto fue de fuerte en cuanto a muertes en relación al argentino o al chileno, pero tuvo una pretensión totalitaria en el sentido más puro del término: controlar a la totalidad de la población. Una de las medidas fue clasificar a toda la población en A, B y C. Argentina no lo hizo. Puede ser por el tamaño o la cultura del país. Lo otro fue que en un período largo, usted iba a renovar la comisión directiva de un club de bochas, y tenía que mandar los candidatos a la Policía o al cuartel, y se le devolvía diciendo “Fulano no puede ser secretario o vocal del club”. Y si se hacía un cumpleaños, con más de, creo, ocho invitados, la lista de invitados tenía que pasar por la comisaría o el cuartel, para revisar quiénes iban a ir, con el fin de que no fuera una reunión política disfrazada. Estamos hablando de un clima asfixiante. En ese clima jugaron redes. El Partido Colorado tenía una red de viejos batllistas que estaban contra el régimen. Las autoridades legales de los partidos, que funcionaban realmente, tenían figuras muy importantes, como Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti. También algunos pachequistas que se pasan a la oposición, como Raumar Jude. Ellos deciden votar por el No. Lo mismo el Partido Nacional, el triunvirato que estaba detrás de Wilson Ferreira: Carlos Julio Pereyra, Mario Heber. Aparece la figura de Luis Alberto Lacalle como uno de los jóvenes renovadores, que al tiempo queda un poco, muerto Mario Heber, tomando la antorcha de ese sector. Y la izquierda que se pronuncia por el No. El Frente Amplio, más o menos descuajeringado, y otros grupos por su lado, usando sus redes, unas más en la superficie, otras más debajo del agua, y otras en el fondo del océano, pero comunicándose. Comunicándose desde la cárcel o desde la clandestinidad, o desde actividades reservadas, con sus riesgos consiguientes.

Ahí el régimen militar considera que una elección requiere de un debate público. Ahí se hacen, recuerdo, dos debates. No sé si hubo más. El más famoso es uno que hace el Canal 4, del que participan, por la oposición, el doctor Enrique Tarigo, que a la salida de la dictadura es elegido vicepresidente de la República, y el doctor Eduardo Pons Etcheverry, un hombre vinculado a un sector conservador del Partido Nacional, próximo, políticamente, al diario El País, a Washington y Enrique Beltrán. Tarigo siempre fue un hombre muy duro, y Pons Etcheverry altanero, un señor feudal tratando a sus vasallos. Y por el oficialismo estaban Enrique Bolentini y Enrique Viana.

Y hubo otro debate, en el que, por la oposición estaba Héctor Lorenzo Ríos, del wilsonismo, y no recuerdo quién era su acompañante, así como los oficialistas. Creo que también estaba Bolentini. Fue un debate en Radio Carve, que, en aquel momento y para la tecnología de la época, era la que más se podía escuchar en todo el país. Tenía la mayor potencia, y no había pueblito del país en el que no se pudiera escuchar nítidamente Radio Carve. Esos debates fueron importantísimos. En medio de ese silencio político y ese temor, que hubiera gente hablando duramente contra los militares era un rayo de luz en medio de esa tiniebla.

Fue una cosa insólita en el mundo. No hubo debates entre oposición y gobierno en los plebiscitos que organizaba Francisco Franco en España. Ahí era el caudillo diciendo porqué había que votar el Sí. Y tampoco hay casos de la posibilidad de un triunfo del No. Estaba el temor al fraude, más allá de que los que tenían buena información sabían, desde la Corte Electoral, que había posibilidad de fraude, salvo que fuera grosero. Lo que valorizó mucho el plebiscito uruguayo fue que, a fines de setiembre, se hizo un plebiscito en Chile, y ganó el Sí. Los estudios que se hicieron posteriormente desarman la idea de que ganó el Sí por fraude. En Chile ganó el Sí porque entre el 57% y el 58% de la población estaba de acuerdo, más o menos, con el régimen de Pinochet. Tanto es así que, ocho años después, ya con el mundo en contra, con Estados Unidos habiendo girado, con 10.000 observadores internacionales en las distintas mesas, Pinochet, para su continuidad, obtiene el 42%. Ocho años antes, en el mejor momento económico, con una parte del mundo occidental a su favor, con Estados Unidos, de alguna manera, apoyándolo, tener el 58% no era un disparate.

Veamos datos. Los habilitados para votar eran un poquito menos de 2.000.000. Votó el 87%, 1.689.424. Más de 900.000 por el No, y 700.000 por el Sí, en números redondos. Algunas cosas interesantes: de los 19 departamentos, en ocho ganó el Sí. Siguiendo un poco el mapa de las credenciales, el Sí ganó en Rocha, Treinta y Tres, Rivera, Artigas, Soriano, apenitas, Flores, Lavalleja y Tacuarembó. El record lo tiene Treinta y Tres, con el 68%, Rivera 64%, Artigas 62%. En el otro extremo está Soriano, con el 50,8%, vale decir 49,2% por el No.

El No ganó en once departamentos. Montevideo, Canelones, Maldonado, Cerro Largo, Salto, Paysandú, Río Negro, Colonia, San José, Florida y Durazno. Ahí varió desde el 52%, 53%, hasta el record de Paysandú, donde tuvo el 65,1%, y Montevideo casi 64%. Tercero Salto con 61%.

Esto fue un shock, y llevó al régimen militar a tener que barajar y dar de nuevo, rehacer su plan político, porque se había encontrado con un resultado inesperado, que le tiraba abajo la Constitución. Tenían un plan de Reforma Constitucional clarísimo, pero fueron aumentando el grado de control y tutela que querían tener. Al reelaborar el plan político vienen elecciones generales de autoridades partidarias, y esa elección es el preámbulo de una negociación de los partidos con las Fuerzas Armadas, para elaborar una Reforma Constitucional. Ahora no era impuesta y plebiscitada, sino que se buscaba consensuar.

Los partidos habilitados eran el Partido Nacional, el Partido Colorado, y la Unión Cívica. En términos de la elección del 71, más o menos representaban el 82% del electorado. El Frente Amplio, que había obtenido el 18%, estaba proscripto. Curiosamente, en el 84 hubo pequeñas variaciones, lo excluido, en lugar del 18% fue el 21%, y esos tres partidos llegaron al 79%. Hablaremos de la elección del 82 en otro espacio.