10 Abr. 2016

¿Un Frente Amplio de enfrente?

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Medio país, o la dirigencia que lo representa, se devana los sesos en la búsqueda de cómo sacar al Frente Amplio del gobierno [… ] Se observa la existencia de dos vectores que empujan en sentido opuesto: uno hacia la unificación, alianza o entendimiento electoral del área tradicional; otro hacia el mantenimiento del Partido Nacional como la gran alternativa al Frente Amplio, con incógnita sobre la arquitectura del resto del área tradicional

Medio país, o la dirigencia que lo representa, se devana los sesos en la búsqueda de cómo sacar al Frente Amplio del gobierno. Lo cual no solo es legítimo, sino que es el rol necesario de toda oposición en todo el mundo en una democracias de partidos. Un tema es el de los contenidos de la alternativa, que amerita un largo análisis; otro tema es de la arquitectura y los caminos de esa alternativa.

El panorama del área tradicional se vio sacudido por varios hechos, todos en la línea de delicuescencia del juego de dos partidos tradicionales grandes y fuertes. Uno fue el exitoso resultado de Edgardo Novick en su papel de candidato independiente de ambas vertientes tradicionales; concomitantemente, el segundo peor resultado del nacionalismo en Montevideo en toda su historia y la virtual desaparición del coloradismo expresado en tanto tal. Un segundo hecho lo constituye la adhesión a Novick de un diputado colorado, lo cual lo dota de representación parlamentaria; a lo que se suma la adhesión plena o en estudio de muchos dirigentes del interior, la mayoría colorados, algunos blancos. Un tercer elemento es el paso dado por Tabaré Vázquez de invitarlo a la reunión multipartidaria, en representación del “Partido de la Concertación”.Todo ello conlleva a que esté planteado en las reflexiones de los actores políticos tradicionales el qué hacer hacia adelante.

Hay algunos hechos que son relevantes. Uno es que el Partido Colorado perdió en 2014 las expectativas de tener un remonte histórico, entró en un estado de enfermedad profunda y con un 6% de intención de voto visualiza un horizonte ennegrecido. Dos, que el Partido Nacional -después del peor resultado de su historia en 1999, con un 21%- se ha estabilizado en torno al 30%, poco más, poco menos (34% en 2004, 29% en 2009, 31% en 2014); estabilizado pero bastante inelástico, ya que sus últimos crecimientos operaron en detrimento de su adversario tradicional, y en las últimas elecciones el nacionalismo capta tan solo la mitad de lo que pierde el coloradismo (hay vasos comunicantes con pinchaduras). Tres, que una masa significativa de blancos tiene un anticoloradismo típico de la época del bipartidismo clásico, se sienten equidistantes del Frente Amplio y del Partido Colorado, cuando no consideran que sus mayores enemigos son “los salvajes unitarios”; consecuentemente, no hay mayor disfrute histórico para el nacionalismo que ser el partido tradicional que ha sobrevivido en el nuevo bipartidismo y ver hundirse a quien fuera su rival mayor a lo largo de un siglo y medio largo.

Planteadas así las cosas, y dejando de lado pequeñas anécdotas y detalles menores, se observa la existencia de dos vectores que empujan en sentido opuesto: uno hacia la unificación, alianza o entendimiento electoral del área tradicional; otro hacia el mantenimiento del Partido Nacional como la gran alternativa al Frente Amplio, con incógnita sobre la arquitectura del resto del área tradicional.

Planteadas así las cosas, quedan en principio dos grandes redes de caminos: uno es el entendimiento de toda el área tradicional en una presentación electoral común; otro es el abanico de opciones diferentes a ese entendimiento.

El entendimiento puede tener a su vez dos grandes caminos. El empleado en las elecciones departamentales de 2014 en Montevideo insinuá una especie de fusión y de dilución de identidades, al hablar de la constitución de un “Partido”, con el uso político de esa palabra; un partido supone algo cuya pretensión es que sociologicamente devenga en tal mediante la generación de una nueva identidad que supere las identidades originarias, como ha ocurrido en el Frente Amplio con el nacimiento del frenteamplismo y la delicuescencia de otras identidades, como la comunista, la socialista o la demócrata cristiana. El concepto de Partido de la Concertación, más allá de lo querido y de lo expresado en el plano consciente, apunta hacia ello.

El otro camino va hacia otro frente amplio. Ese otro frente1 puede tener las características más laxas y puntuales de una coalición o más firmes y estructuradas de una alianza o federación. Pero lo claro es la voluntad de no ser un partido y de no diluir las identidades previas. Más allá de lo estrictamente jurídico-electoral, del uso de la palabra partido y otros elementos en las hojas de votación, en sustancia lo que este camino indica es mantener la identidad del Partido Nacional, la del Partido Colorado y abrir una opción a quienes pretender fusionar a o salir de esas dos identidades. Este es un camino menos traumático que un Partido de la Concertación y que ya cuenta con un espejo. Claro que ese espejo puede asustar, cuando se ve que a mitad de camino esas identidades que se quisieron preservar se han diluido en unos casos y desaparecido en otros.

De no haber un frente de enfrente, o un Partido de la Concertación con el modelo de Montevideo 2014, es evidente que se va por una red de caminos opuesta en la que aparece como un agente inamovible en su calidad de tal al Partido Nacional. Por tanto, los caminos que se abren dentro de esta red son: Uno, Partido Nacional, Partido Colorado y “partido de Novick” (para salir del enredo terminológico, con todas sus consecuencias emocionales). Dos, Partido Nacional y Partido Colorado, con Novick dentro del Partido Colorado (a esta altura, una opción tan difícil como practicamente imposible). Tres, Partido Nacional y un nuevo partido o alianza con la gente de Novick más el Partido Colorado como tal, sin perder identidad. Una cuarta opción que ponga a Novick dentro del Partido Nacional y deje fuera al Partido Colorado puede figurar en las opciones de pizarrón, pero hoy parece casi imposible. Por aquí anda la cosa.


1 Ver FA: ¿coalición, alianza, partido o qué?, El Observador enero 24 de 2016, en Factum Digital, http://www.factum.uy/analisis/2016/ana160124.php