Oscar Bottinelli - Entrevista de Luciano Costabel
Semanario Brecha
BRECHA: Días atrás, en TV Ciudad, usted decía que la reaparición de Luis Lacalle Pou iba a ser muy importante porque se trataba de su primera intervención pública relevante desde que dejó la presidencia. Finalmente, dio un discurso que no fue explícitamente electoral, pero que tuvo fuertes definiciones sobre la política, el liderazgo y la autoridad. ¿Qué lectura hace de ese discurso
OB: La primera aparición programada de Luis Lacalle Pou, a más de un año de dejar la Presidencia de la República, contiene una definición conceptual importante: no hay libertad para el que no tiene justicia; debe equilibrarse libertad y justicia social. Asume pues un pensamiento que puede definirse como de liberalismo social. Consecuentemente, se ubica en el centro matemático del eje izquierda-derecha y del eje estatalista-liberalista. En la medida en que la mayoría predominante en la dirigencia del Frente Amplio [FA] también pretende ubicarse en el centro de ambos ejes, el resultado es que Lacalle Pou y el FA se solapan, se sobreponen. En términos electorales eso implica que la competencia así planteada –de centro contra centro– se enfocará en la capacidad de gestión de cada uno, en su ejecutividad o sus logros, reales o presuntos.
El otro elemento refiere a la praxis política, con énfasis en el hoy: la tolerancia, el salir del enfrentamiento personal. La frase más relevante al respecto: «Firme con las ideas y suave con las personas». El tema es si la Coalición en su conjunto, o el Partido Nacional [PN] por sí, van a bajar el tono de confrontación personalizada, tanto a nivel parlamentario como de dirección política. Y como contrapartida, si también el FA baja la confrontación personalizada. Lo que no hubo fue mensaje hacia el importante segmento de apáticos, descreídos y enojados con la política y los políticos. No hubo un mensaje de generación de esperanza. Quizás lo evitó porque eso podía verse como un tono de carácter electoralista.
BRECHA: ¿Qué gana y qué pierde la oposición si conforma un lema único?
OB: Hay que diferenciar varios temas. Uno: la conformación de un bloque político alternativo al FA. Dos: si su objetivo final es conducir hacia una fusión de sus partidos componentes o una alianza con especial cuidado en el mantenimiento de las identidades. Tres: cuál es la presentación electoral más conveniente hacia 2029.
El asunto se está analizando con mucha pasión, con gran entrevero de temas, poca distinción de prioridades y, en particular, un análisis superficial e incompleto sobre lo ocurrido en las pasadas elecciones. Lo importante es ir tema por tema.
Sobre el primero, lo más relevante está resuelto: el bloque funciona en tanto tal, tiene nombre conocido y aceptado –Coalición Republicana [CR]– y es de conocimiento de una parte significativa de la ciudadanía. Además, tiene liderazgo reconocido y aceptado. Esto es mucho más importante que definir la presentación electoral.
En cuanto a lo segundo, hay una gran confusión cuando se compara con el proceso del FA. El FA nació como una alianza de partidos con identidad propia. Pero a más de medio siglo, de las identidades fundacionales, las que quedan como tales recogen un voto de cada seis del conjunto; los otros cinco no van a ninguna formación originaria. Y en materia de identidades, de pertenencia, esas identidades fundacionales no llegan a la décima parte de los autodefinidos como frenteamplistas. Es que a poco de andar fueron sustituidas por una nueva identidad, una nueva pertenencia que desplaza a las originarias: el frenteamplismo. Esa es una enseñanza.
Y así se llega al tercer tema, sobre el cual hay que tener en cuenta que un lema único implica una candidatura presidencial única. En cinco elecciones en el último cuarto de siglo, el bloque tradicional o coalicionista perdió votos en favor del FA al concentrarse en una candidatura única en el balotaje, sin ninguna excepción. No es un fenómeno coyuntural, es un problema estructural. La concentración en una única candidatura debe estudiarse con frialdad y ver las conveniencias. La CR lo que no puede repetir es ir con cuatro o con cinco lemas y candidaturas. Las dos alternativas razonables son ir con un solo lema y una única candidatura, o con dos candidaturas y dos lemas, seguramente Partido Nacional y Partido Colorado, cada una con «tranqueras abiertas». Los estudios probabilísticos permiten inferir que, en el mejor de los casos, la candidatura única da las mismas posibilidades que dos candidaturas. Pero nunca más posibilidades; a veces incluso son menos las chances.
BRECHA: El FA atraviesa un proceso de renovación de liderazgos a partir de la pérdida de varios de sus principales referentes históricos. Usted ha dicho que existen distintos tipos de liderazgo y que la representación no necesariamente tiene que concentrarse en una única figura, sino que puede existir una conducción colectiva, con distintos actores aportando capacidades diferentes. ¿Qué características debería tener esa nueva conducción para ocupar el lugar que dejaron los liderazgos históricos?
OB: La renovación de los cuadros dirigentes de una fuerza política no es una selección de personal. Tampoco se elabora en un escritorio. Es la propia gente la que va encontrando los referentes. Eso supone priorizar entre diferentes virtudes que nunca se conjugan en una sola persona: conducción estratégica, manejo táctico, capacidad de organización, profundidad teórica, ejecutividad, captación de carisma. También en esas opciones juegan las mayores o menores coincidencias con la visión de país que expresa cada quien. Como sea, es una labor de mucho refinamiento y paciencia. El FA tiene un conjunto de figuras de distinto perfil. Dirigentes que hablan a un sector social y otros que se dirigen a otro sector social diferente. Lo que importa más que las caras es cuál es el perfil político que se busca, cuál es el modelo de país que se pretende impulsar, a quiénes se pretende representar.
BRECHA: Ha planteado que existe una distancia entre el imaginario que construyó históricamente el FA, particularmente entre su militancia, y lo que implica gobernar. ¿En qué aspectos concretos se manifiesta hoy esa distancia y qué siente esa militancia que perdió?
OB: Toda fuerza política, salvo en procesos revolucionarios, modera su programa. Ese es un dato. El tema es cuánto esa moderación está dentro del modelo básico y cuándo es un cambio de modelo. Cuando es esto último empiezan los problemas. En Uruguay se confunde mucho un programa con un plan de gobierno. Un programa es una visión del universo, de la sociedad y del ser humano. Un plan de gobierno es un conjunto de medidas más o menos concretas, más o menos genéricas. Lo que el FA llama programa es un plan de gobierno. Su programa es lo que está en las definiciones básicas y en lo que se expresa a lo largo del tiempo, tanto en la oposición como en el gobierno. En el campo institucional y en la acción popular.
Esa visión de mundo marca qué clases sociales y qué segmentos de la sociedad una fuerza política pretende representar. En toda sociedad, aquí y en el mundo, ahora y a lo largo de la historia, hay grupos sociales y grupos económicos enfrentados. Los gobiernos, los actores políticos, desarrollan políticas en base a identificarse con determinados grupos o representar determinados segmentos y, en consecuencia, en oposición a otros grupos o segmentos. Esas identificaciones y contraidentificaciones generan sensibilidades en pro y en contra.
Uno de los grandes problemas que ha tenido este gobierno es que tanto su discurso en política económica como en política exterior se ha salteado la existencia de esas sensibilidades. Eso genera desilusión o enojo en segmentos de la propia gente. Entonces, o es un problema de política o es un problema de discurso.
BRECHA: ¿Hay una crisis ideológica en el FA? Es decir, ¿el problema es que tiene dificultades para llevar adelante su proyecto desde el gobierno, o que ya no existe un consenso suficientemente claro dentro del propio frenteamplismo sobre cuál es ese proyecto?
OB: Es que el FA hace mucho que no tiene discusiones ideológicas profundas. Se puede decir que las diferencias conceptuales aparecen cuando se discuten temas puntuales, sin expresar con claridad la diferencia de visiones. Cuando nace el FA define que representa a empleados y obreros, pequeños y medianos industriales, comerciantes y productores rurales, profesionales, intelectuales y artistas, a todos los cuales llama trabajadores. Y considera como oponente al gran capital trasnacional y a sus apoyaturas nacionales. Más tarde, hacia fines del siglo pasado y comienzos de este, incorpora su nexo con el subproletariado. La pregunta que debe hacerse es si tiene esta misma visión o ha cambiado.
Cuando se escucha a muchos frenteamplistas, se observa que algunos conservan el discurso original y otros desarrollan un discurso muy alejado del original. Ahí hay un problema. Porque para unos mantener el discurso original es anclarse al pasado y para otros su alejamiento es un abandono de los principios básicos. No es menor la discusión sobre si hay o no limitaciones fiscales, o cuáles son las prioridades en el gasto. Eso no es analizar medidas concretas, sino visiones de país. Si las exoneraciones tributarias son un gasto innecesario que impide otros gastos más necesarios o, por el contrario, se considera que esas exoneraciones son imprescindibles, y, entonces, para qué. Para el crecimiento económico o para la equidad social.
BRECHA: Ha señalado que las mediciones muestran un nivel importante de descontento y descreimiento con la política en Uruguay. Al mismo tiempo, los partidos siguen siendo estructuras fuertes y centrales del sistema político. ¿Por qué los partidos están teniendo dificultades para representar las demandas y expectativas de una parte importante de la población?
OB: Uruguay sigue siendo una democracia de partidos. Lo que ocurre es que hay periodos, como el actual, en que la confianza en los partidos decae. Y ello se da cuando se ve a las dirigencias políticas en juegos de electoralismo permanente, o de confrontación entre dirigencias, al margen de los problemas reales de la gente. En esta legislatura han aparecido algunas confrontaciones ideológicas significativas, como el concepto de propiedad de la tierra, que quedaron opacadas por los insultos personales entre senadores. Y el periodismo es responsable de centrar el foco en esos enfrentamientos personales y no en las divisiones ideológicas. El caso más significativo es el de la estancia María Dolores, entre una visión de la tierra como bien de mercado y una visión como bien de carácter social y de la nación. Ese debate no le llegó a la gente, sino solo los agravios. Hay muchos temas presentes y de futuro no resueltos, sobre los cuales una parte significativa de la ciudadanía no ve perspectivas, como la seguridad, el empleo seguro y de calidad, la educación. Se produce un divorcio entre el debate político y las expectativas populares.
BRECHA: En Uruguay ya han aparecido fenómenos políticos y liderazgos personalistas que lograron captar parte del descontento con los partidos tradicionales, aunque hasta ahora ninguno haya conseguido consolidarse en el tiempo. ¿Qué explica esa dificultad para que estos fenómenos perduren y qué tendría que ocurrir para que uno de ellos se convierta en una fuerza política duradera?
OB: Hoy se registra alrededor de un 30 por ciento de personas que expresan desinterés, desilusión o enojo con el sistema político. Es una cifra a atender. Muy relevante. ¿Qué va a pasar con eso? Es muy difícil de percibir, porque los fenómenos disruptivos tienen la característica de aparecer en el momento menos pensado, en general más bien al final, sobre las elecciones. Se ve el problema, pero no el camino. Hace unos nueve años ese mismo fenómeno contabilizaba alrededor del 28 por ciento. Si se toman en cuenta los votos disruptivos, totalizan el 26 por ciento: Guido Manini, el fenómeno Talvi (voto a Ernesto Talvi en octubre y Daniel Martínez en noviembre), Juan Sartori, PERI [Partido Ecologista Radical Intransigente], Edgardo Novick, Gustavo Salle, Partido Digital, voto en blanco y anulado. El fenómeno pasó inadvertido porque no se concentró en una única opción, como ha pasado en otros países de América Latina. Entonces, pareció que el fenómeno outsider no existió. Sí existió, pero se dispersó. Ello no ocurrió en 2024. La posibilidad está planteada para 2029, aunque no se puede atisbar si otra vez disperso o concentrado en algún fenómeno que no ha aparecido.